EEUU inicia un cambio histórico en su economía para ‘expulsar’ a los inversores extranjeros y evitar una crisis de deuda con el Plan Pensilvania
La economía de EEUU, pese a ser la mayor del mundo y la más importante, se enfrenta a una amenaza que parece insalvable con las herramientas tradicionales. Años de excesos han llevado al país a presentar un déficit público casi estructural que se parece mucho al de los países que protagonizaron la crisis de deuda soberana en la zona euro. Por ahora, la fortísima demanda de dólares ha permitido al Tesoro seguir financiado sus déficits gemelos(el público y el comercial) sin llegar a sufrir una crisis fiscal que parece cada vez más inevitable. Por ello, Donald Trump ha comenzado a colonizar las instituciones y ha puesto en marcha el Plan Pensilvania para abordar este problema de una forma conocida, pero que no deja de ser peculiar para un país desarrollado: represión financiera y erosión del valor de la deuda. No es una novedad, aunque la dinámica va a peor. La situación fiscal de EEUU preocupa. Y mucho. Los ambiciosos regalos fiscales de Trump (su «gran y bella» ley con recortes masivos de impuestos y no tan grandes de gastos) agrava una situación ya exacerbada por los desbocados déficits tras la pandemia (varios ejercicios con un desfase por encima del 6% del PIB), que han multiplicado una deuda pública (un 98% del PIB en el año fiscal 2024, en comparación con el 73% de la década anterior, según la Oficina de Presupuesto del Congreso) que engorda a pasos agigantados con un pago de intereses cada vez más lacerante, en un contexto en el que la resiliencia de la economía y las presiones inflacionarias (avivadas por los aranceles de Trump) no han permitido a la Reserva Federal bajar los tipos de interés oficiales del 4%, una cota elevada para lo que ha sido la historia económica reciente. Es el cuadro que recientemente ha dibujado, entre otros, el multimillonario inversor Paul Tudor Jones, quien ha insistido en que EEUU se encuentra una «trampa de deuda y la estrategia de salida es la inflación». «Con una relación deuda/PIB superior al 100% y unos déficits anuales atascados por encima del 6%, al gobierno estadounidense no le quedan más opciones que la represión financiera: suprimir los tipos de interés reales al tiempo que permite que la inflación se dispare modestamente», exponía hace poco el estadounidense. «Aunque la atención de los últimos días se ha centrado en el conflicto de Oriente Medio, los acontecimientos en Washington D. C. tienen una relevancia macroeconómica más que notable. Es probable que el proyecto de ley de presupuesto de EEUU se apruebe pronto, varios funcionarios de la Reserva Federal están haciendo referencias sorprendentes a un recorte de tipos en julio y la Junta de la Reserva Federal se reúne para debatir una flexibilización de los requisitos regulatorios bancarios. Aunque todos estos eventos pueden parecer inconexos a primera vista, creemos que presagian un posible cambio importante en la política macroeconómica estadounidense en los próximos años», advierten desde Deutsche Bank. A este cambio le han denominado los economistas de Deutsche Bank como el Plan Pensilvania, una política diseñada para ayudar al gobierno estadounidense a gestionar la explosiva deuda estadounidense. Tras el cacareado acuerdo Mar-a-Lago (acuerdo global para debilitar al dólar llamado así por la residencia de verano de Trump) y las extremas propuestas de los asesores económicos de cabecera del presidente (Stephen Miran ha abogado por canjear las tenencias extranjeras del Tesoro por un bono a 100 años con menor rendimiento, toda una reestructuración de deuda), ahora es este ‘plan maestro’ el que sale a la palestra. Los componentes clave de este Plan Pensilvania son los siguientes: una reasignación estratégica de la propiedad de bonos y deuda del Tesoro estadounidense desde inversores extranjeros a inversores nacionales, el aumento de la represión financiera interna (una inflación que superará los tipos de interés), un fuerte impulso a las criptomonedas estables en dólares (stablecoin), una creciente presión sobre la Reserva Federal para que recorte los tipos y un dólar estadounidense significativamente más débil.
